Los felinos de Bettúbela/Bettubela’s felines

Frida y Diego

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Mis primeros dueños me nombraron Cookie y Bettúbela, Frida. Ella comenta que mi temperamento se asimila bastante al de la pintora mexicana Frida Kahlo.

Soy temperamental, celosa, altanera, coqueta  y muy, muy creativa. Lo último, lo hago dejando mis huellas plasmadas de lodo en el piso de la casa, cuando vuelvo de mis andanzas en el jardín; no entiendo por qué Bettú se empeña en desaparacerlas.

En cuanto a mi hermano Diego, es calmado, hedonista e idealista. Bettúbela dice que parece un hippie porque a la hora de la comida, él duerme y lo que le importa es disfrutar de largas siestas en el sofá. También, cuando otro de  nuestra especie le cisea, él se rehusa a confrontarlo. Para Diego, todo es tranquilidad y dicha.  Bettú comenta que mi hermano debió haber nacido en los años setenta, sobre todo,  por su manía de mascar la hierba de gato que Bettú siembra en el jardín de la casa.

A los humanos les gusta antropomorfizarnos,  y en esta cuestión de la mata, sí que aciertan. Les diré que mi hermano y todos los de mi especie, nos ponemos high con esa hierba alucinante.

Bettú afirma que la personalidad de Diego y el pintor famoso mexicano, se parecen en amar la vida con una intensidad febril. Por eso, decidió darnos estos célebres nombres. La verdad, a mi me da lo mismo llamarme Cookie o Frida. Lo que no me agrada, es sufrir hambrunas. Y sí Bettú me adora, se lo agradezco con ronroneos, dándole besitos con mi lengua rasposa y obsequiándole ratoncitos del jardín, aunque ella los rechacé.

Me gusta que me diga: “Frida, mi vida”, acariciándome mimosamente; mientras, yo me estiro hedónicamente, pensando: “¡ah, lah vidah, esto sí, es vidah!”

Ambos conocimos a Bettúbela en la veterinaria del vecindario. Con nuestra primera dueña vivimos  en su casa por unas semanas. Nos devolvió al veterinario porque su esposo odia nuestra especie, y nuestra ex-ama no quiso poner a su amado en evidencia. Así que vino con el cuento de que nos regresaba disque, porque arañábamos los muebles y a sus niños. Esto es imposible, ya que ella ordenó que nos sacaran nuestras pezuñas. Ahora me las tengo que arregla para cazar sólo con las traseras. A veces, los humanos carecen de la menor idea de las atrocidades que cometen con nuestra clase.

Pues bien, cuando Bettúbela nos vio en la veterinaria, su amor por los dos, fue a primera vista. El veterinario le explicó las razones, por las cuales nuestra antigua ama nos rechazó.  A Bettúbela le importaron un pito y con gran alegría, nos llevó a nuestro nuevo hogar.

Los primeros días fueron muy desagradables. Nick, el can odioso de mi nueva ama, nos perseguía por toda la casa, tratando de defender su territorio. Ah, y Ulises, otro gato de Bettúbela, me hace la vida de cuadritos. Desde que nuestras miradas se cruzaron, la aversión entre los dos fue mutua.

Cada vez que tiene la oportunidad de atacarme, lo hace. De mi parte, maullo a todo lo que dan mis pulmones, para que Bettúbela, venga a mi auxilio y lo ponga en su lugar. Mis berrinches tienen éxito.

Hace varios años que compartimos Diego y yo nuestras vidas con Bettúbela y diez felinos más.  Llevamos una rutina edénica: por las mañanas, Bettú nos alimenta con unas latas sabor a atún, a pollo, a pavo, a carne de res y todas están como para chuparse las patitas. Luego, salimos al jardín a escalar árboles, para asustar a las ardillas, pájaros y ratones. Nos sentimos los reyes del reino animal. Por supuesto, defendemos nuestro territorio a capa y espada de cualquier ser que ose pisarlo.

Por las noches, Bettú, nos llama aplaudiendo como si estuviese practicando baile flamenco.  Todos obedecemos a su llamado y entramos , aborazados a casa  para disfrutar de una deliciosa cena. Finalmente, nos damos un manita de gato antes de ir a la camita.

Por último, les contaré que nacimos en un carro abandonado. Por suerte, alguien que trabaja en la veterinaria, nos descubrió un gélido amanecer, al escuchar los maullidos de Diego y los míos. La chica se asomó por una de las ventanas y se las arregló para llevar a toda la familia (Diego, mi mami y yo) con ella a su trabajo.

Mi mami fue adoptada, y Bettubela me  muestra a menudo la foto de ella para que no la olvide. El resto del relato ya lo saben.

Bueno, ahora, le cedo los maullidos a Rambo. ¡Vaya que él les un felino suertudo!, y pronto sabrán el porqué.

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6 thoughts on “Los felinos de Bettúbela/Bettubela’s felines

  1. Esta historia me recuerda la experiencia de rescatar a mi gato Molly, que fue encontrado en una caja en el lado de la carretera durante una tormenta de nieve. Cuando la llevamos a nuestra casa, se tomó un tiempo para que se ajuste con los otros animales. Mis perros se volvieron muy territoriales, y Molly se burlará constantemente en ellos y swat su pata en sus ojos. Con el tiempo mis perros se convirtieron cómodo con Molly en la casa y la consideran su familia.

  2. Sus gatos son muy lindos. Amo a los gatos.Tengo un gato que se llama Kitty.Kitty ama el aire libre y le encanta abrazar.Mi gato se lleva bien con mi perro. Ella tiene tres años y todavía es muy juguetona.

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