Anécdotas Culturales/Cultural Anecdotes

Amando y temiendo la nieve.

DSC_0037Sabía muy bien que nunca iba  a nevar en mi ciudad natal por cuestiones geográficas.  Así que una de las tradiciones que más disfrutaba de niña durante la Navidad, era la de admirar las tarjetas navideñas que nos envíaban amigos y parientes para la ocasión.

Fijaba la mirada en ese idílico paisaje blanco. Me imaginaba dentro de la tarjeta, haciendo un mono de nieve; lanzando bolas de nieve a mi vecina odiada; o quizás esquiar por una colina a todo lo que dieran los esquís.

A esta temprana edad, lo único que sabía de nieves eran aquellas con sabor a limón, fresa, tamarindo o jamaica. Todas éstas las saboreaba con un gran gusto en un día cálido.

El tiempo transcurrió. Fui a la escuela secundaria y a la preparatoria y llegó la hora de asisitir a la Universidad.  En mi segundo año de estudiante universitaria, se me otorgó una beca para aprender inglés en The College of Wooster, en Ohio.  Desde el momento en que pisé tierra en este pintoresco pueblecito, aguardé con paciencia la llegada de la nieve. El día glorioso arribó cuando almorzaba en la cafetería del college. Vi que poco a poco hacían su descenso cientos de copos de nieve que parecían no llegar a su destino. Toda emocionada, me apresuré a sentir en el rostro la esperada nieve.  Mi emoción fue tal que no percibí el gélido frío, pero sí probé unos insípidos copos nevosos. En ese momento, sentí que era parte de una bella tarjeta navideña.

Con la llegada de este clima aprendí la importancia de estar bien abrigada: traer gorra, guantes, bufanda y botas para que el calor del cuerpo no escapara. Las capas de ropa eran esenciales: ”me repetían los estudiantes y profesores.”  Me sentía como una robot con tantos atuendos en el cuerpo.  A pesar de esto, seguía disfrutando el paisaje que añoraba desde pequeña.

En Wooster pasé dos años y de ahí  partí a Milwaukke, Wisconsin. En la ciudad cervecera continué mis estudios de literatura.

Ahora vivía en un apartamento y tenía mi propio auto. Carenciendo de garage, la nieve me robaba el sueño cuando nevaba, porque tenía que raspar el hielo del parabrisas, quitarle la nieve al auto y calentárlo por unos minutos más, para que pudiese arrancar sin problema éste.  A esto, le añadía, palear la nieve de la banqueta. Uf, ¡vaya que idealizamos lo que no tenemos al alcance!

Lo de conducir en la nieve, sí que me causó dolores de cabeza. Mis amigas, profesores y estudiantes, me decían para calmar mi ansiedad y temor: “ ya te acostumbrarás a manejar en la nieve.”  Sin darles respuesta, mi inconsciente me decía que  tenía que hacer  algo para resolver el temor de conducir en ésta. Cada vez que salía en auto y nevaba, el miedo se adueñaba de mí de tal manera, que  las piernas me temblaban como si fueran de muñeca de trapo.

Un día, leyendo el diario, encontré un artículo que “me salvó la vida”: “How to drive on the snow and learn skills in order to be safe”. Nunca leí con tanto cuidado y paciencia dicho artículo. Éste incluía las destrezas esenciales para conducir en la nieve.  Entre ellas, la de bombear el freno en vez de frenar; dejar suficiente espacio un carro del otro al manejar;  invertir en unas llantas para la nieve (si se tiene el dinero);  e ir con lentitud si nieva copiosamente. Seguí esas instrucciones al pie de la letra y poco a poco, fui perdiendo el miedode manejar en la nieve.

Con el pasar del tiempo, aprendí que hay más de quince nombres para la nieve dependiendo de su forma y consistencia. He aquí algunos: snowflakes (copos de nieve), slush (nieve derretida sucia), blizzard (tormenta de nieve fuertísima), flurries (copos pequeñísimos), sleet (nieve con hielo o nevisca), snow showers (agua nieve), squalls (una tormenta breve y rápida, y freezing rain (lluvía congelada).

Para concluir, mi Odisea nevosa, continúo admirando el paisaje invernal,  ya sea conduciendo, corriendo o bebiendo mi droga preferida: el café. También, aprendí a apreciar más el bello sol de mi tierra natal y su sol ardiente.

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3 thoughts on “Anécdotas Culturales/Cultural Anecdotes

  1. Mi anecdotas culturale favorita es “Amando y temiendo la nieve.” La composicion es muy comica. A mi, no me gusta la nieve. Prefiero el sol y buen tiempo! Pero yo vivo en Oswego durante los semestres y es necesario preparar se para la nieve. Cuando yo manejo en la nieve, me da miedo. Mi carro no es bueno en la nieve. Durante el invierno es importante llevar ropa abrigable, asi como la chaqueta, los guantes, la bufanda y la botas.

  2. Esta historia me recuerda a cómo aprendí a conducir en el invierno. Mi padre me llevó a un gran aparcamiento en la noche donde no hay coches iban a practicar la conducción. Recuerdo que el coche se deslice y se deslice, pero después de un tiempo me acostumbré a las condiciones, y mis temores se calmaron.

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